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Antes de poner en práctica los procedimientos que apoyen y guíen a la familia a la recuperación, es necesario hacer una evaluación de la situación familiar, donde se deben tener en cuenta los siguientes aspectos:
- Tipo de evento ocurrido, experiencias previas, intensidad de los factores estresantes.
- La forma en que afectó a la familia, grado de desorganización y la conducta familiar reactiva ante el evento.
- La historia de otras crisis familiares, los mecanismos de resolución de las crisis usuales, y los métodos de que dispone la familia para enfrentar las crisis.
- Habilidad para adaptarse a la nueva situación, grado de flexibilidad del sistema familiar.
- Nivel de apoyo disponible y de recursos familiares en general.
- Nivel de aceptación de la ayuda.
Estos elementos pueden brindar, en alguna medida, una valoración de los posibles pronósticos de la capacidad adaptativa de la familia.